El Sótano de Neske

El Sótano de Neske - Lidia Barugel

Todo cambió en la vida de los mellizos Dromer y Anki. Cuando tuvieron que refugiarse con sus padres en el minúsculo sótano de Neske. En realidad, todo cambió mucho antes, cuando se acabaron poco a poco la escuela, el piano y la comida. Era agosto de 1942 en Ámsterdam, y los tiempos difíciles recién comenzaban.

Comentarios

Julieta Pinasco

Cómo me inquietó el texto. Es bello Dromer, su historia (este próximo enero andaré por Holanda y buscaré entre los sótanos y ventanas tu relato), esos muslos blancos y el tío, su piano, el caballo alado, la imaginación y el arte como recursos sustitutivos para sobrevivir, esa cortinita de girasoles, el hambre, la muerte (quién no querría vencerla para siempre y retornar a todos los que nos desaparecieron. Gracias, Lidia. Un bello texto que espero poder usar en el escuela con los chicos. Gracias de alma, de cuerpo y de corazón.

Mary Sananes

Fuente: http://embusteria.blogspot.com.ar/2016/07/el-sotanode-neske-lidia-barugel.html

Hace cinco años, en el 2011 me encontré con Contrapalabra, ese libro de Lidia Barugel, que me reveló, en su brevedad, la hondura estremecida de su escritura. Una bala convertida en un estilete hundido en el corazón de un pájaro. Una palabra que rompió en pedazos el aire de la tarde. Hoy El sótano de Neske de nuevo es un asombro y una conmoción.

¿Cómo logra Lidia contener la pena y la herida de aquellos seres reducidos al milimitraje de un encierro y a una muerte prevista? Trasmutando la oscuridad en vuelo, el agobio en un cincel que horada la piedra, el silencio en el soliloquio de un piano que jamás dejó de hacer vibrar sus cuerdas destrozadas. Por la vastedad de la imaginación, el poder de los lazos afectivos, la trascendencia de la música, la incandescencia del alma. Porque tanto como conoce la intensidad del dolor, sabe hacer travesía en el interior del corazón de un niño de diez años, hasta lograr vencer los disparos que irrumpieron para dejar inerte los sueños.

Y crea un tesoro que va abriendo sus compuertas como un acto de magia. Lidia traza la geografía del alma de un niño que se escapa de su encierro en un corcel de viento, que dibuja en el aire todas las memorias de una vida signada por una mirada que mira y un corazón que se mueve a ritmo de campanario, que hace tañer, aún cubiertos de felpa, las notas de una Flauta Mágica.

Una obra que le otorga a la muerte, como una ofrenda, el aroma de una hoja de laurel, como la que Neske colocaba en el agua para refrescar a Dromer y a su hermana melliza Anki. Una novela que se mueve al compás del aquel trocito de marfil astillado, en el cual el niño depositaba todos los cantos que los sepultureros creyeron dejar atrapados en aquella bóveda mortuoria.

Lidia hace el milagro de la resurrección. Convirtió el sótano en un espacio para que Dromer pudiera vencer a la muerte con su caballo con alas, mientras una cisterna de lágrimas se derramaba desde sus confines. Y dibujó con la acuarela de sus manos a una Neske y a un tío Joos, cuyo temblor dinamitó los muros y reconstruyó el espacio y el tiempo, hasta hacerlos porvenir.

Esta novela tiene honduras imprevisibles, bellezas incontestables, aproximaciones inéditas. Es un espejo para que cada quien encuentre en sí mismo el poder irreversible de la vida, cuando logra trascender los muros de los carceleros y a la propia muerte.

Hugo Lerner

Recomiendo la lectura de la novela de Lidia Barugel: EL SÓTANO DE NESKE, para jóvenes de 12 a 90 años. A través de un niño -Dromer- la autora nos sumerge en su despertar a la sexualidad en medio de la guerra. Con un lenguaje exquisito la historia nos conmueve con amores, ternura, odio, sensualidad, irracionalidad. En síntesis: nos muestra la condición humana y los malestares de la cultura.